Acuéstate boca arriba con las piernas estiradas y los brazos a los lados.
Cierra los ojos y respira profundamente, inhalando por la nariz y exhalando por la boca.
Deja que tu cuerpo se relaje por completo y suelte toda la tensión.
Mantén la posición durante varios minutos y luego vuelve despacio a la posición sentada.